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jueves, 15 de marzo de 2012

EL LECTOR DE JULIO VERNE



Portada de El lector de Julio Verne  (Edición especial tapa dura con estuche)  El lector de Julio Verne
Nino hijo de guardia civil, tiene nueve años, vive en la casa cuartel de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén, y nunca podrá olvidar el verano de 1947. Pepe el Portugués, el forastero misterioso, fascinante, que acaba de instalarse en un molino apartado, se convierte en su amigo y su modelo, el hombre en el que le gustaría convertirse alguna vez. Mientras pasan juntos las tardes a la orilla del río, Nino se jurará a sí mismo que nunca será guardia civil como su padre, y comenzará a recibir clases de mecanografía en el cortijo de las Rubias, donde una familia de mujeres solas, viudas y huérfanas, resiste en la frontera entre el monte y el llano. Mientras descubre un mundo nuevo gracias a las novelas de aventuras que le convertirán en otra persona, Nino comprende una verdad que nadie había querido contarle. En la Sierra Sur se está librando una guerra, pero los enemigos de su padre no son los suyos. Tras ese verano, empezará a mirar con otros ojos a los guerrilleros liderados por Cencerro, y a entender por qué su padre quiere que aprenda mecanografía.

















1 comentario:

  1. Este nuevo «episodio nacional» de Almudena Grandes sitúa la acción entre 1947 y 1949, en Fuensanta de Martos, en la sierra de Jaén, en la dura subsistencia del maquis y el acoso al que lo somete la Guardia Civil. La profesión de fe galdosiana de la autora es bien conocida y vuelve a reafirmarla en El lector de Julio Verne. Persiste su confianza en una narración realista con fuertes apoyaturas históricas, una sólida armazón anecdótica, bien perfilados caracteres, diálogos profusos y abundante munición sentimental de calibre diverso, desde la ternura al heroísmo épico, desde la compasión o la indignación ante la crueldad y la iniquidad hasta la efusión amorosa. Todo ello compone una novela tan convencional en la factura como eficaz en su propósito de entretener y emocionar al lector. El drama de los guerrilleros antifranquistas, y el de algunos de quienes los persiguieron, queda mostrado, pero no es convertido en objeto de reflexión.
    Con todo, esta entrega resulta más ajustada que la primera, a lo que contribuye la voz del narrador, Nino, Canijo para todos, el hijo de un guardia civil que reconstruye sus experiencias de sus nueve años entre la casa cuartel y el monte que ampara a los guerrilleros, entre su padre y Pepe el Portugués, con el trasfondo mítico del Cencerro y la sombra del traidor. Al enfocar los acontecimientos a través de una sensibilidad infantil (aunque el lenguaje pertenezca al Antonino adulto), la historia se convierte en la crónica de una maduración. A la vez, puesto que esa sensibilidad se alimenta de las novelas de Julio Verne, la recreación del pasado asume las características de una narración de aventuras.

    ADITAMENTO / Estos dos modelos, junto al relato rememorativo, dan al libro más cohesión narrativa que la de Inés y la alegría. Sin embargo, el estilo sigue siendo arborescente, lleno de enumeraciones y aposiciones que, más que sumar, restan porque ahogan la imaginación del lector. El mismo principio de agregación parece extenderse a la estructura, pues cuando la novela está concluida se añade una especie de coda sobre la suerte posterior del narrador. Y aunque ese aditamento empuje la peripecia de Nino hasta las elecciones de 1977 con un cierto efectismo final, la historia no lo necesitaba.

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