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miércoles, 28 de marzo de 2012

La hoguera del capital

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La extensión y la duración de esta Gran Crisis ha adquirido tanta envergadura que sería inocente creer que tras ella las cosas seguirán siendo más o menos como antes.
No sabemos con exactitud cómo será el porvenir, pero sin duda diferirá sustantivamente de este presente. Los daños de una competitividad salvaje, la crueldad de las diferencias sociales más acusadas del siglo, la dinámica de un mundo occidental crecientemente infeliz van segregando una negación contra lo conocido y una esperanza, cada vez más briosa, en que el mundo próximo será necesariamente más solidario, humano, empático y cooperador. De pilares semejantes se ha valido siempre la especie para sobrevivir, superarse y prosperar. 
La tortura laboral y hasta moral de tantos habitantes, metafóricamente semejante a los efectos de una gran guerra, no ha de ser vana. Una revuelta más o menos silenciosa, pero eficaz, emprenderá gradualmente, y cuando menos se la esperaba, la revolución pendiente del siglo anterior. Esta es la esperanza y la meta hacia un futuro más humano que aguarda a la vuelta de la esquina.